20 de Marzo del 2017 Autor:Redaccion

La carga más preciada del tren era Excélsior

Aun están frescas en nuestra memoria las imágenes de la llegada del periódico Excélsior a las oficinas del Ferrocarril Nacional de Tehuantepec (FNT). Los que iban dirigidos a los suscriptores eran apartados, y el resto lo recibían los voceadores, comenta Delfina Figueroa Valdivieso, de 98 años.

Habitante de esta pequeña ciudad ferrocarrilera, fundada en 1906, la mujer istmeña recuerda claramente cuando en la otrora estación de Rincón Antonio, cuna del municipio de Matías Romero, llegaban los ejemplares de El Periódico de La Vida Nacional.

Durante aquellos años de bonanza y crecimiento económico de la región, el ferrocarril fue pieza clave para la salida y entrada de productos al Istmo de Tehuantepec, y de ahí hacia el puerto de Veracruz, para enviarlos al extranjero en barco.

El tren constituía la más importante vía de comunicación, “sus vagones lucían llenos, por ahí se transportaba toda clase de productos: café, madera, ganado, costales de diversos productos como maíz, frijol, ajonjolí. Entre su carga más preciada sobresalían el diario Excélsior, los libros y las revistas”.

Excélsior llegaba 24 horas  después de su publicación, por lo que las noticias nos llegaban frescas. Los ejemplares eran esperados en la corrida del ferrocarril transísmico, que unió los dos puertos del Istmo: Coatzacoalcos y Salina Cruz”, recuerda Joaquín Hernández Valdivieso.

Durante un recorrido por la antigua estación de Matías Romero explica que para llegar a esta parte del sureste de país los ejemplares de Excélsior, junto con otros impresos como El Universal, iniciaban su recorrido en tren alrededor del mediodía de la Ciudad de México a Coatzacoalcos, Veracruz.

De ahí transbordaban, y por el mismo medio, algunos eran enviados a los lectores de Salina Cruz, mientras que otros iban dirigidos a los de la zona del Suchiate, Chiapas, frontera con Guatemala”.

El gobierno de Porfirio Díaz, impulsor del ferrocarril en México, autorizó a principios del siglo XX que una compañía inglesa instalara en la estación Rincón Antonio sus talleres mecánicos, por ser un punto intermedio entre ambos puertos.

Alrededor de los talleres surgió el primer núcleo de población, que se extendió a lo largo de la vía hacia el norte, en lo que hoy es el municipio de Matías Romero.

Hoy en día esta localidad conserva algunos edificios de sus primeros años, como la estación de ferrocarril y varias casas de campo de estilo inglés.

De hecho su crecimiento se debió a la migración de personas provenientes de otras partes de la región y del mundo. La localidad se conformó de una amalgama de individuos provenientes de Europa, Asia, África y Norteamérica que aportaron su esfuerzo en la construcción del ferrocarril”.

Doña Delfina recuerda que la empresa inglesa, asociada con el gobierno mexicano, encargada de construir y reconstruir el ferrocarril, trajo a la comunidad, además de servicios básicos, un boliche, un salón de billar, albercas, canchas de tenis, un gabinete de lectura con libros y revistas para los usuarios.

Sí, el gabinete era parecido a una biblioteca y hemeroteca, también ahí se podía leer Excélsior”, cuenta.

 

 

A su paso entre uno y otro puerto, el tren dejaba ejemplares del rotativo en las paradas intermedias como la de Ciudad Ixtepec (antes conocida como estación San Jerónimo), donde lectores de origen libanés, chino y español seguían los artículos de hombres eminentes y escritores de prestigio que colaboraban en El Periódico de La Vida Nacional.

La historiadora Leticia Reina hace eco de este proceso, en el que la presencia de extranjeros enriqueció la cultura material de los zapotecas.

Quizá éste sea uno de los pocos casos en donde el instrumentar un proyecto como la estación de ferrocarril, un proyecto de orden internacional, el grupo indígena local no quedó sometido ni económica, ni culturalmente, a pesar de la presencia constante de un grupo extranjero”.

Joaquín Hernández Valdivieso, dedicado a rescatar las anécdotas históricas de la antigua estación de Matías Romero, opina que “la lectura no solamente del periódico de más influencia en la opinión pública, sino el diario mejor informado que ha habido hasta ahora en México, era una bonita costumbre”.

Delfina destaca en la entrevista que los suscriptores de Excélsior semanalmente recibían la Revista de Revistas, donde ella apareció vestida con el traje de novia que usó el día de su boda. El traje de gala de la mujer zapoteca, de color blanco con acabados en oro.

La Revista de Revistas únicamente se distribuía entre los suscriptores, llegaba una vez por semana junto con el diario, en sus páginas traía mucha publicidad y artículos de distintos temas.

Fue un orgullo ver que habían puesto mi foto entre sus páginas”, dice orgullosa con su rostro iluminado.

 

VERACRUZ  XALAPA
 

“LOS SORTEOS ERAN UN SUCESO TELEVISADO”
por Lourdes López

 

A sus 98 años de vida, doña Emma Silva Moctezuma tiene una memoria privilegiada para narrar cómo es que en la década de los 60 y en uno de los magnos sorteos de Excélsior fue la ganadora del premio principal: un moderno edificio de tres departamentos totalmente amueblados en la colonia Del Valle.

El premio, además de alegrar la vida de la familia Silva y de los xalapeños, ayudó a la ganadora a impulsar un proyecto empresarial al que ha dedicado la mayor parte de su vida: una academia comercial que logró crecer y expandirse en una buena parte de la entidad veracruzana.

El incansable trabajo de la maestra Emma no le permitía leer el diario todos los días, pero quien sí leía una a una las páginas del impreso y luego compartía las noticias con ella era su tía, doña Eloísa Silva, viuda de Buenfil, quien fue esposa de un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Acostumbrada a leer Excélsior y al ser invitada por su sobrina a vivir en Xalapa, doña Eloísa le pidió continuar adquiriendo la suscripción y le pedía que la pusiera a nombre de doña Emma.

Los sorteos de Excélsior eran majestuosos”, recordó doña Emma. “Eran un suceso televisado que, para el disfrute de las familias, tenía una variedad musical que lo hacía un entretenimiento y llevaba implícita la emoción de todos aquellos que adquirían una suscripción y esperaban el momento para ver si podían sacar uno de los premios”.

Fue el 1 de febrero de 1964 cuando se televisó el sorteo y la ganadora lo cuenta con lujo de detalle: “Pasaron dos o tres premios antes y dice el locutor: ‘ya salió el premio mayor, el edificio de departamentos… se va a Veracruz, lo cual me dio gusto, pero pensé que al puerto de Veracruz. Siguió: la agraciada es la señora Eva Silva… No, perdón, es Emma, Emma Silva Moctezuma’”. Lo que siguió a una celebración inolvidable que llenó su casa de amigos y vecinos.

Quienes estaban viendo el sorteo en televisión fueron rápidamente a la casa de doña Emma. A la vuelta de su casa vivía el entonces corresponsal de Excélsior en Xalapa: don León Hernández, quien logró arrebatársela a los vecinos para poder entrevistarla en privado y arrancarle las primeras expresiones de emoción.

“Una vecina que se hacía una permanente en el salón de belleza salió con todo y los tubos en la cabeza porque la jaló su esposo para venir a verme. Había una reunión del Club de Leones y el presidente era don Pablo H. Medina, quien era el dueño de la agencia distribuidora donde adquiría la suscripción y en ese momento pidió un brindis por mí”.

Con ese dinero amplió la escuela, fue fuente de empleos y de su academia han egresado más de 20 mil alumnos, entre secretarias y contadores privados. Una placa alusiva se lee en una de las escuelas pilar de esta ciudad.

Doña Emma recuerda que, de niña, su abuelo la mandó a estudiar a México. Estudió en un liceo americano y fue amiga de Artemisa Elías, hija del entonces presidente Plutarco Elías Calles, por lo que en sí es una estampa de la historia del siglo XX.

fuente: excelsior

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